Reuters.- Gobierno y oposición quemaban el jueves sus últimos cartuchos para convencer a los ecuatorianos sobre los pro y contra de la Constitución de corte socialista que impulsa el presidente Rafael Correa y que según los últimos sondeos sería aprobada el domingo en las urnas.
Tanto Correa como sus adversarios celebraban sus concentraciones en la ciudad porteña de Guayaquil, el mayor centro económico del país andino, donde la oposición podría encontrar un balón de oxígeno si, como dicen las encuestas, el texto no logra el apoyo necesario para su ratificación.
La campaña, que arrancó hace 45 días, estuvo marcada por duras y agresivas acusaciones verbales entre los defensores y críticos del proyecto, que de ser aprobado otorgaría al mandatario izquierdista amplios poderes sobre la economía y le abriría las puertas a la reelección.
Correa ha concentrado su esfuerzo proselitista en la ciudad con más electores del país durante la recta final de la campaña, consciente de que salir derrotado en su ciudad natal supondría una victoria simbólica para la oposición.
"Democracia significa igualdad y las mismas oportunidades para los pobres. Ahora los pobres tendrán oportunidades", dijo el líder nacionalista, muy popular entre los pobres, durante la inauguración de una obra escolar en el suburbio Guasmo Norte donde inició su última cruzada por el "Sí".
La debilitada oposición, cuyo líder más visible es precisamente el alcalde de Guayaquil, advierte que la aprobación de la Constitución dará poderes dictatoriales a Correa con los que podrá emular las radicales políticas económicas de su amigo y aliado venezolano Hugo Chávez.
"No hace falta leer el texto para saber que la Constitución no dará garantías para la estabilidad y que todo el poder se concentrará en una sola persona", dijo Angel López, un abogado que trabaja en una entidad pública.
Pero, el discurso del mandatario en contra de las clases adineradas, a las que califica despectivamente de "pelucones" y "resentidos", ha despertado esperanzas entre la mayoría pobre del país, que clama desde hace años por un cambio, una mayor asistencia del Estado y mano dura contra la corrupción. mas
Tanto Correa como sus adversarios celebraban sus concentraciones en la ciudad porteña de Guayaquil, el mayor centro económico del país andino, donde la oposición podría encontrar un balón de oxígeno si, como dicen las encuestas, el texto no logra el apoyo necesario para su ratificación.
La campaña, que arrancó hace 45 días, estuvo marcada por duras y agresivas acusaciones verbales entre los defensores y críticos del proyecto, que de ser aprobado otorgaría al mandatario izquierdista amplios poderes sobre la economía y le abriría las puertas a la reelección.
Correa ha concentrado su esfuerzo proselitista en la ciudad con más electores del país durante la recta final de la campaña, consciente de que salir derrotado en su ciudad natal supondría una victoria simbólica para la oposición.
"Democracia significa igualdad y las mismas oportunidades para los pobres. Ahora los pobres tendrán oportunidades", dijo el líder nacionalista, muy popular entre los pobres, durante la inauguración de una obra escolar en el suburbio Guasmo Norte donde inició su última cruzada por el "Sí".
La debilitada oposición, cuyo líder más visible es precisamente el alcalde de Guayaquil, advierte que la aprobación de la Constitución dará poderes dictatoriales a Correa con los que podrá emular las radicales políticas económicas de su amigo y aliado venezolano Hugo Chávez.
"No hace falta leer el texto para saber que la Constitución no dará garantías para la estabilidad y que todo el poder se concentrará en una sola persona", dijo Angel López, un abogado que trabaja en una entidad pública.
Pero, el discurso del mandatario en contra de las clases adineradas, a las que califica despectivamente de "pelucones" y "resentidos", ha despertado esperanzas entre la mayoría pobre del país, que clama desde hace años por un cambio, una mayor asistencia del Estado y mano dura contra la corrupción. mas
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