"Hemos perdido por muy poquito, hemos luchado con toda dignidad en la provincia de Buenos Aires (el mayor distrito) y los resultados nacionales todavía no los tenemos", dijo el ex mandatario, al admitir la derrota con una rueda de prensa y discurso a sus partidarios en el búnker de campaña.
Los Kirchner perdieron el domingo la mayoría en Diputados y el Senado, frente a una avalancha de votos opositores para radicales socialdemócratas, liberales y peronistas disidentes.
"Vamos a profundizar la institucionalidad, profundizar la gobernabilidad", dijo al precisar que el oficialismo tomará el revés sin tremendismo y dispuesto a recomponerse para los dos años de mandato que le faltan a su esposa.
Néstor Kirchner consideraba los comicios como un plebiscito al modelo estatista y proindustrialista que implantó junto con su mujer desde 2003.
Se lanzó a la palestra bonaerense, pero fue derrotado (32,1% de votos), debajo del magnate liberal de origen colombiano Francisco de Narváez (34,5%), con el 90,7% de mesas escrutadas, en una tendencia irreversible en un territorio con casi el 40% del padrón.
El matrimonio experimentó fuertes retrocesos en la Capital y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, pese a que su partido fue la fuerza más votada en el total nacional.
"Esta noche hemos dado una vuelta de página en la historia", dijo a sus enfervorizados seguidores De Narváez, que armó una coalición con los liberales derechistas del alcalde de la capital, Mauricio Macri.
De Narváez, de 55 años, se impuso en el tradicional bastión peronista donde se libró la mayor batalla electoral, convertida en el Waterloo de los Kirchner.
"Nos hemos consolidado como la principal fuerza opositora", dijo Ricardo Alfonsín, candidato a diputado del acuerdo entre radicales socialdemócratas y liberales, e hijo de Raúl Alfonsín, extinto ex presidente de la restauración democrática en 1983.
Los comicios estuvieron destinados a renovar la mitad de Diputados y un tercio del Senado, cámaras donde los Kirchner quedaban en extremo debilitados.
"Hay un mensaje de la sociedad en las urnas, el rumbo del Gobierno debe cambiar", dijo el politólogo Rosendo Fraga, de la consultora Nueva Mayoría.
El oficialismo puso en juego su mayoría en el Senado, donde contaba con 40 escaños sobre 72, y exponía 12, mientras que llegó a los comicios con 116 bancas en Diputados (sobre 257) de las que debió renovar 60, sin contar los bloques aliados.
Con casi 28 millones de empadronados, el país votó en forma normal en una jornada fría de invierno, pero militares que custodiaban las mesas y decenas de miles de ciudadanos usaron tapabocas por temor al contagio de la gripe porcina, que en las últimas semanas causó 26 muertos y más de 1.500 enfermos.
Los candidatos de los Kirchner eran vencidos incluso en la provincia natal del ex presidente, la patagónica Santa Cruz (sur), por primera vez desde que iniciaron su carrera política en los años 80.
Argentina es una potencia mundial proveedora de alimentos que sufrió en los últimos meses el duro impacto recesivo de la crisis internacional.
Al calor de las protestas agrarias de 2008 contra los impuestos a las exportaciones, la oposición floreció pero sigue atomizada y el oficialismo puede mantenerse como primera fuerza legislativa.
Pero analistas consideran que el gobierno emerge débil y que necesita alianzas para conservar la gobernabilidad, tras considerar el comicio un plebiscito a su modelo.
El modelo gubernamental es estatista y proindustrialista, basado en la vigencia de negociaciones salariales libres con respaldo de la central obrera CGT y rechazo a las políticas del FMI.
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