El Estado conforma al grupo bancario más poderoso del país

El Universal.- Durante diez años de gobierno la administración de Hugo Chávez ha dejado en claro que considera esencial el control sobre las variables básicas del negocio financiero, la ampliación de la banca pública y el uso del mercado interno para asegurar la colocación de bonos venezolanos y de países aliados.

Sin embargo, el paso clave para consolidar la ampliación del peso del Estado en el sistema financiero aún está por concretarse: la toma del control del Banco de Venezuela.

Con 11,76% del total de créditos y 10,96% de los depósitos del público, el Venezuela es el tercer banco del país y sumado al resto de las fichas del Estado, Industrial, Banfoandes, Banco del Tesoro y Banco Agrícola, da origen al grupo financiero más relevante del sistema.

Una vez concrete la nacionalización el Estado amasará 16,8% del total de créditos de la banca y 23,58% de los depósitos, mientras que Banesco, la institución que le seguiría en tamaño, tendría 15,10% y 14,8% en estos dos ítems.

A la presencia visible del Estado en el negocio financiero habría que añadir entidades como el Banco del Pueblo y el Banco de la Mujer, surgidas al calor de los primeros dos años de gobierno con la intención de financiar y propiciar el surgimiento de microempresarios.

No obstante, la Superintendencia de Bancos no publica los resultados de estas instituciones en sus reportes mensuales y trimestrales, por lo que la transparencia es muy poca y los resultados prácticamente son desconocidos.

La experiencia del Gobierno al frente de entidades financieras no es alentadora. El Banco Industrial de Venezuela presenta los mayores índices de morosidad, registra pérdidas y está descapitalizado.

La banca privada ha tenido que operar en un entorno cada vez más regulado. En este momento, 47 de cada 100 bolívares que se dirigen al crédito deben ir, a tasas de interés preferenciales, a sectores considerados estratégicos: agro, turismo, microempresas, vivienda y empresas manufactureras.

Los créditos a otros sectores tienen una tasa de interés máxima de 28%, a excepción del financiamiento con tarjetas de crédito, donde aplica un techo de 33%.

Al mismo tiempo, el cobro de comisiones de servicio está restringido a las tarifas que fija el Banco Central y opera un piso para la tasa de interés de los ahorros y depósitos a plazo.

Si bien estas medidas pueden tener beneficios para determinados empresarios y el público en general, la experiencia señala que tienden a generar distorsiones en el sistema financiero y no constituyen una herramienta única para asegurar la diversificación de la economía.

Entre 2004 y 2007 la banca incrementó en 728% el financiamiento a los agricultores, pero la produccón sólo avanzó 3,4%.

La mezcla de una economía repleta de liquidez por la inyección del ingreso petrolero, bajas tasas de interés y mejoras en el poder de compra, crean las condiciones para un boom de consumo entre 2004 y 2008.

En este período el financiamiento con tarjetas y los préstamos para automóviles elevan su peso en el portafolio de créditos desde 11% hasta 24%.

La aceleración de la inflación y perspectivas de menor crecimiento de la economía apuntan a que la morosidad en el pago de estos créditos comenzará a crecer rápidamente.

La banca también ha financiado directamente a la administración de Hugo Chávez y ha sido pieza esencial en la política de ayuda a países como Argentina y Ecuador, convirtiéndose en comprador de bonos.

Entre 1998 y septiembre de este año la deuda interna, medida en dólares, aumenta 241%.

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